Verrugas víricas. Dra. Bibiana Pérez

Dra. Bibiana Perez
Dra. Bibiana Pérez. Especialista en Dermatología y Venereología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid

Las verrugas víricas, son lesiones que pueden localizarse en cualquier zona del cuerpo. Tanto en la piel como en las mucosas, pudiendo transmitirse, fundamentalmente, por contacto directo.

Sobre estas lesiones, sus manifestaciones clínicas más comunes, su abordaje médico y su prevención responde la Dra. Bibiana Pérez, especialista en Dermatología y Venereología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid.

por HBakkali

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¿Qué son las verrugas víricas?

Las verrugas víricas son lesiones benignas de la piel y las mucosas debidas a infección por papilomavirus. Existen más de cien tipos de papilomavirus humanos, y los distintos tipos de verrugas (plantares, planas, genitales…) se asocian a infección por determinados tipos.

¿Cuáles son sus manifestaciones clínicas más habituales?

Las forma más habituales de verrugas víricas son las verrugas vulgares, que son lesiones excrecentes, rugosas, escamosas, que se pueden hallar en cualquier superficie cutánea, aunque las manos, y especialmente la zona periungueal, es la localización más frecuente. Las verrugas plantares también son muy frecuentes, y se manifiestan como lesiones hiperqueratósicas, similares a las callosidades, a menudo dolorosas, lo que vulgarmente se conoce como “papiloma plantar”.

¿Qué zonas de la piel pueden verse afectadas por estas proliferaciones? ¿Hay alguna zona del cuerpo más sensible a su aparición?

Las verrugas víricas pueden localizarse en cualquier zona de la piel o las mucosas, y su localización estará en relación con el modo de transmisión y el tipo específico de papilomavirus. En los niños es muy frecuente la aparición de verrugas periungueales en las manos, aunque las verrugas en plantas de pies también se ven a menudo. Los pequeños traumatismos repetidos favorecen la infección, así ocurre con el hábito de morderse las uñas, o en el caso de profesionales como carniceros o mecánicos en los que es frecuente que se creen pequeñas soluciones de continuidad en la piel que favorecen la infección viral.

En cuanto a su transmisión, ¿cuáles son las formas más frecuentes?

Las verrugas se transmiten sobre todo por contacto directo, a partir de individuos con infección clínica o subclínica y es conocido que determinadas condiciones ambientales como el calor y la humedad favorecen la propagación de estos virus. Por otro lado, las verrugas genitales, llamadas condilomas acuminados, se comportan como una enfermedad de transmisión sexual. Además, hay que considerar la importancia de la situación inmunológica del huésped, ya que en pacientes inmunodeprimidos como, por ejemplo, los pacientes trasplantados que reciben tratamiento inmunosupresor, las verrugas son muy frecuentes y persistentes.

Un alto porcentaje de estas verrugas pueden desaparecer de manera espontánea, pero…, ¿qué consecuencias puede tener no tratarlas desde su aparición?

En la mayoría de los casos, la única consecuencia de no tratar precozmente las verrugas es un aumento en su tamaño y en su número, debido al autocontagio, así como el riesgo de transmisión a otras personas. Por otro lado, las verrugas en determinadas localizaciones pueden producir dolor, como ocurre con las verrugas plantares, que puede interferir de manera importante en la calidad de vida del paciente. Además, determinados tipos de papilomavirus tienen potencial oncogénico, y múltiples estudios han relacionado la infección con estos virus con algunos tipos de carcinomas, sobre todo en mucosas, genital u oral. También es conocido el papel de los papilomavirus en el cáncer de cuello uterino.

¿Son frecuentes las recidivas? ¿Presentan peor pronóstico?

Las recidivas de las verrugas tras el tratamiento son frecuentes, aunque a veces es difícil distinguir una verdadera recidiva de una reinfección. En la mayoría de los casos, si la inmunidad del paciente es normal, el pronóstico no empeora, aunque el tratamiento puede convertirse en un proceso largo y a veces tedioso.

¿En qué consiste el abordaje médico de las verrugas víricas?

La mayoría de los tratamientos de las verrugas víricas consisten en la destrucción física de las células infectadas, y existen múltiples métodos para conseguirlo. La elección de uno u otro método dependerá de factores como el número y extensión de las lesiones, la presencia de molestias asociadas, la localización de las mismas y la disponibilidad de medios. Ningún tratamiento es universalmente eficaz para eliminar las verrugas y, como ya se ha comentado, las recidivas son frecuentes con cualquier método. Los procedimientos más utilizados son el uso de queratolíticos, la crioterapia con nitrógeno líquido, y en algunos casos la electrocoagulación. En las verrugas genitales se emplean otros productos como la resina de podofilino y la podofilinotoxina, o el imiquimod, que actúa sobre la inmunidad local del paciente. Este último tratamiento también es útil en verrugas extragenitales recalcitrantes. Además, se pueden emplear otras sustancias quimioterápicas, como el 5-fluorouracilo tópico o la bleomicina intralesional, y caústicos o ácidos como el ácido tricloroacético. Varios tipos de láser y la terapia fotodinámica pueden ser también útiles en el tratamiento de las verrugas víricas, aunque generalmente se emplean en casos resistentes a otros tratamientos.

¿Qué casos son los más complicados de tratar?

Los casos más complicados de tratar son aquellos en los que las lesiones se localizan en zonas de difícil acceso o próximas a estructuras sensibles, como los ojos. También las lesiones extensas en pacientes inmunodeprimidos, en los que la recidiva es casi la norma y los tratamientos habituales son menos eficaces.

¿Cuándo se debe recurrir a la cirugía? ¿Con qué técnicas quirúrgicas se cuenta en la actualidad? ¿Qué resultados garantizan?

El tratamiento puramente quirúrgico, entendido como la extirpación simple de las lesiones, no tiene prácticamente cabida en el manejo de las verrugas víricas, salvo en casos muy excepcionales. Sin embargo, algunas técnicas, como la electrocoagulación o el tratamiento con láser de CO2 o láser pulsado de colorante, son técnicas quirúrgicas útiles en algunos casos. Por ejemplo, el láser de CO2 es de gran utilidad en condilomas acuminados (verrugas genitales) de gran tamaño, especialmente en las de localización perianal. Sin embargo, no hay que olvidar que las técnicas quirúrgicas no garantizan la ausencia de recidivas, por lo que es muy importante evitar procedimientos excesivamente agresivos, que puedan provocar cicatrices permanentes y a veces dolorosas.

El tratamiento quirúrgico que se está empleando hoy en día, ¿puede dejar algún tipo de secuela en la piel?

Afortunadamente, en el momento actual es excepcional encontrarnos con pacientes a los que se haya realizado una extirpación quirúrgica de una verruga plantar, pero hace algún tiempo este hecho no era raro, y a menudo la cirugía provocaba una cicatriz permanente, dolorosa, con un componente hiperqueratósico que a veces costaba diferenciar de una recidiva de la lesión inicial. Los tratamientos con láser o la electrocoagulación cuidadosa, normalmente, no dejan secuelas aunque, cuando se tratan lesiones periungueales, puede haber un daño en la matriz de la uña que ocasione una alteración permanente en su crecimiento.

¿Qué tipos verrugas víricas son los más agresivos, los que presentan peor pronóstico?

La mayor parte de las lesiones víricas son benignas, cuya relevancia se relaciona sobre todo con su localización, número y tamaño, en la medida en que puedan interferir en las actividades normales del paciente o incluso constituir un cierto estigma social. Sin embargo, algunos serotipos, como el HPV-16 y 18 en el caso de las verrugas genitales, o los tipos 5 y 8, asociados a la epidermodisplasia verruciforme, se consideran de alto riesgo, por su relación con el desarrollo de tumores.

¿Podrían estas proliferaciones derivar en un tumor maligno?

La mayor parte de los cánceres de cuello uterino se relacionan con la infección por papilomavirus de alto riesgo. Además, se ha detectado ADN viral de papilomavirus en carcinomas de las mucosas genital u oral y también en otras localizaciones, incluso en tumores cutáneos periungueales y en otros tipos de lesiones cutáneas premalignas y malignas, como queratosis actínicas o carcinoma espinocelular, aunque en estos últimos casos no está muy claro cuál es el papel del papilomavirus en el desarrollo de malignidad. Por otro lado, los pacientes inmunodeprimidos tienen mayor riesgo de presentar una infección persistente que evolucione a malignidad.

¿En qué medida la vacuna del VPH previene estas verrugas?

La vacuna frente al VPH se ha demostrado eficaz para prevenir la infección por aquellos serotipos frente a los que se ha desarrollado. Actualmente existe una vacuna que previene contra los serotipos 16 y 18, que son los de mayor potencial oncogénico en relación con el cáncer de cuello de útero, y otra que protege contra los serotipos 6, 11, 16 y 18, que provocan la mayor parte de verrugas genitales.

¿Cuándo está indicada la vacunación? ¿Es eficaz tanto en hombres como en mujeres?

La vacunación estaría indicada sobre todo antes del inicio de las relaciones sexuales, ya que no tiene efecto sobre la infección establecida, y sería eficaz tanto en hombres como en mujeres, aunque su inclusión en los calendarios vacunales se ha limitado a las mujeres, con el objetivo de prevenir el riesgo de cáncer de cuello de útero.

En materia de prevención, ¿cuáles serían las principales recomendaciones?

En las verrugas extragenitales, la principal medida preventiva sería evitar el contacto directo con lesiones o con lo que se denomina fómites, es decir, objetos que hayan estado en contacto estrecho con las verrugas y durante algún tiempo puedan albergar virus. Es conocida la frecuente transmisión de verrugas en piscinas y en duchas comunes, medios en los que puede ser útil el empleo de “calcetines” aislantes de silicona en los pies, sobre todo en los niños, y evitar pisar descalzos sobre el suelo húmedo de las duchas. En cuanto a las verrugas genitales, el uso de preservativos supone una protección parcial, pero no completa. Ya se ha comentado el papel de la vacunación, que constituye una herramienta de protección eficaz.

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