El centro de gravedad de la comunicación médica y científica en el ecosistema digital: atracción, activación, legitimación y expansión

Las nuevas tecnologías amplían el espectro de las herramientas, contenedores y plataformas para la comunicación y divulgación de la ciencia y del conocimiento médico.

De las infografías, a los interactivos, de los recursos audiovisuales a los espacios inmersivos, de la realidad aumentada a la realidad virtual. El avance de la tecnología permite adaptar el mensaje médico y científico, esencialmente, jerarquizarlo y estructurarlo de la manera más optima y adaptada para cada espacio y para cada público. Cada día, la practicidad de las herramientas tecnológicas empoderan más a los creativos. Nuevos espacios y nuevos contenedores donde el concepto encuentra todos los recursos necesarios para llegar al público con mayor impacto, invitando a una mayor participación y también con la ambición de fomentar una mejor compresión.

La creatividad: centro de atracción

El arte en este contexto es la interfaz del conocimiento, pero es una interfaz dinámica, sonora, audiovisual, interactiva y con capacidad de cambiar y evolucionar a lo largo del tiempo. La creatividad no queda fijada ni en un marco físico, ni encapsulada en un espacio digital blindado. Nuestro centro de atracción se vuelve más líquido y manejable. La tecnología nos da la posibilidad de reinventarlo según el momento, el objetivo y el público.

En el campo de la comunicación y divulgación médica y científica esto adquiere un significado especial: polivalencia y adaptabilidad. Nos permite trabajar aportando utilidad: trasladar el contenido médico-científico de manera clara, comprensible y accesible.

La tecnología: centro de activación 

Si bien la tecnología en el campo de la ciencia y de la medicina puede ocupar un lugar nuclear, ya bien sea por moda, por agenda, por eslogan o por necesidad, aún parecen queda retos por delante para una normalización de su uso práctico -no solo experimental o teórico- en el día a día. Aunque bien es cierto que no se puede generalizar y que cada contexto presenta particularidades, podemos hablar de varias necesidades como mejorar la cultura y alfabetización digital, necesidad de ideas para la implementación práctica real y continuada en el contexto médico-científico, riesgo de obsolescencia, costes en procesos de formación continua, en equipamientos y herramientas que exigen un reciclaje continuo, equipos de profesionales multidisciplinares altamente especializados y con capacidad de adaptación al cambio, seguimiento y actualización, o el impacto y absorción de competencias de la IA, son solo algunas de las limitaciones que pueden retrasar, cuestionar o limitar la aplicación completa y sostenida de la tecnologías en este ámbito.

Pero realidad es que en el campo de la comunicación médica y científica el potencial del binomio arte y nuevas tecnologías es incuestionable. Si bien las exigencias son las mismas, el poder que adquiere el artista a la hora de sumar su obra a plataformas y tecnologías accesibles y fácilmente entendibles por los usuarios invierte la jerarquía. La tecnología en vez plantear limitaciones, empieza a funcionar como un aliado imprescindible e incluso amable para la activación de la obra y, por tanto, para la difusión del conocimiento médico y científico.

Hoy quienes nos dedicamos a este ámbito, tenemos la conciencia de saber que operamos en un espacio que exige, esencialmente, observar con mucha atención y actuar con mucho rigor. Producir con impacto y utilidad real se traduce en diseñar proyectos con método y hoja de ruta nítida. Exige mucha exigencia. Saber qué queremos y para qué lo queremos. Después aterrizar el cómo y con qué ejecutarlo. Finalmente, medir los resultados y analizar el alcance. Y vuelta a empezar.

La ciencia: centro de legitimación

Quizás este sea uno de los punto más difíciles y a la vez más fáciles de abordar. Si bien es de lógica pensar que el contenido debe prevalecer sobre el continente. Si bien la ciencia debe tratarse con rigor y responsabilidad. Si bien el abordaje de contenidos médicos implica un compromiso ético y profesional incuestionable. Cuando la tecnología y el arte se suman a las palabras ciencia y medicina pueden saltar todas las alarmas, ya que en muchas ocasiones se instrumentaliza esta fusión para enmarcarla en un evento, una foto, una agenda o un eslogan que impacta y que corre el riesgo de rápidamente ser olvidado o permanecer latente sin utilidad social evidente, reducido a una inversión experimental. Este hecho puede ser el elemento que haga precisamente perder la confianza en la tecnología, que frivolice el empleo del arte en la divulgación de la medicina o que acabe usando la ciencia como palanca para un relato que no siempre aporta valor científico. El público suele tener una extraordinaria capacidad para observar, entender y medir a lo largo del tiempo. El público tiene memoria. Y si la campaña no convierte en utilidad real y perdurable, valorando la sensibilidad del receptor y conociendo los mecanismos de la ciencia, suele quedarse en una magnifica puesta en escena, pero archivada. 

Somos partícipes, muchos tenemos el enorme lujo de ser protagonistas, de una etapa de extraordinarios retos y aún más de extraordinarias oportunidades. Cuando tenemos esa capacidad de crear, de comunicar y de formar parte de la construcción de nuevos espacios tan delicados y tan importantes como son la ciencia y la medicina, la anticipación es muy importante, pero sobre todo lo es el conocimiento profundo, la responsabilidad más allá del titular y la capacidad de crear más allá de experimentar.

La ciencia legitima cuando se absorbe desde sus propios modelos, expandiéndola desde el contenido y el significado. Encuadrando el marco a la necesidad del receptor. Invirtiendo en sensibilidad, difusión y estética, por supuesto. Pero, sobre todo, en conciencia de utilidad y participación global y universal. Quizás un deber primario e incuestionable cuya necesidad adquiere una escala y exigencia mucho mayor cuando hablamos del abordaje de la salud y la medicina a través del binomio arte y tecnología. 

El artista: centro de expansión

La labor del artista pasa de ser meramente decorativa, a aportar emoción en el mensaje y estrategia en la estructura. A conquistar desde el concepto creativo y también desde la capacidad de comunicar a través del lenguaje visual, interactivo, multimedia e inmersivo. Un contexto que plantea retos excepcionales:

-El reto de una formación y un aprendizaje continuo y profundo. La tecnología tiene la particularidad de volar a una velocidad casi inalcanzable, el reto de estar permanentemente alerta de la novedad, de lo descatalogado y lo descatalogable es tan inasumible como imprescindible.

-El reto de la obsolescencia. La tecnología se transforma, a veces desaparece. Ahí el reto de la responsabilidad a la hora de abordar cualquier proyecto, pero aún más un proyecto médico, es indiscutible.

-El reto de la comodidad y las soluciones rápidas. El uso de las tecnologías y la facilidad cada día mayor de acceso y aprendizaje puede arrastrar a una peligrosa zona de confort en la que el creativo da competencia a la tecnología y al medio sin controlar en detalle su lenguaje, dinámica, contexto o comunidades. Tanto si se trabaja con plataformas externas como si creamos nuestras propias herramientas y plataformas, es responsabilidad nuestra entender en detalle la herramienta y su entorno, haciendo un uso responsable.

-El reto del concepto, visto como núcleo central. Sin ideas no hay proyecto. La tecnología es un facilitador y los creativos deberíamos marcar su ritmo. 

-El reto de comunicar. En este espacio de creación, cuando la tecnología es el motor, el arte la interfaz, el contenido la base, los creativos adoptamos un role exigente en tiempos de máxima dinamización digital, de cambios, ruido y eslóganes no ajenos a la instrumentalización de la ciencia y la medicina, al uso de la tecnología como moda y al arte entendido como marco puramente estético. Hablar de arte, tecnología y medicina exige formación y toma de decisiones, pero esencialmente toma de conciencia. Sensibilidad a la hora de abordar temas médicos. Criterios éticos en el uso del lenguaje científico y de la tecnología. Valorar el impacto de cada proyecto, atendido a la utilidad y asumiendo el riesgo de trabajos cortoplacistas frente a los beneficios de proyectos evolutivos que usan el arte y la tecnología con el mismo rigor que abordan el contenido que los protagoniza. Y aquí el reto más importante es el tiempo: adaptación de recursos, formación del público receptor y especialización de los agentes y equipos emisores. Plantearse el uso de la agenda de moda efímera frente a competir en el muy difícil espacio de crear en la utilidad y de la permanencia.

En este reto de la comunicación, ya no habla solo nuestra obra y nuestra vision creativa. También comunican nuestras herramientas, la practicidad y usabilidad de las tecnologías que hayamos elegido y nuestra capacidad de generar conexión y participación en torno a nuestros proyectos.

Frente a estos retos, cada cual más exigente, la tecnología nos brinda libertad: observar, aprender, seleccionar, crear, difundir, medir y volver a empezar. Crear con perspectiva, reduciendo dependencia y con la capacidad expandir nuestros trabajos de manera global y transversal. Rompiendo el hábito de encasillar y alejando el miedo de quedar encasillados, sacando la obra de su marco, convirtiéndola en un bien capaz de volar sola a través de múltiples espacios y plataformas, compartiendo emoción y contenido, visión creativa y ambición científica más allá de los límites espaciales, generaciones y temporales. Con impacto comunicativo medible, con valor social observable y con utilidad real aplicada. Una obra de arte pensada para la comunicar, que nos permite sumergirnos en los conocimientos médicos y científicos de mil maneras. Una obra siempre viva y en continua expansión.

Translate »

Discover more from Comunicación y Salud | Houda Bakkali

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading